
Vía | LaVoz
Imagen | Rafael Kage
Visto en Vitonica

Cuando sea grande yo quiero ser finisher. Finisher es una filosofía de vida. Es el deseo y la fuerza de voluntad de terminar lo que se empieza. De llegar hasta el final aunque parezca casi imposible. De seguir adelante cuando otros te dicen que tires la toalla. Significa levantarse cuando te hayas caído y limpiarse el barro de la boca cuando estas tirando del carro para no quedarte parado. No necesitan a nadie que les motive. Ser finisher significa saber que aunque las cosas vayan mal, se arreglaran si uno realmente lo quiere y trabaja en ello.

El término inglés finisher se suele utilizar para los corredores que terminan una maratón. Son aquellas personas que el día después de la competición con mucho orgullo, cojeando por las agujetas del esfuerzo llevan puestas sus camisetas de “Finisher” paseando con su pareja, amigos o familia por la ciudad. Ellos han luchado por ese día después. No importa el tiempo, no importa la posición en la que han terminado la carrera, lo que importante es estar en el grupo de los “finisher”. Todos los meses de entrenamiento con frio, esfuerzo, cansancio, lesiones, etc. han valido la pena para disfrutar de aquellos instantes antes y después de cruzar linea de la llegada.
Dick, Judy y su hijo Rick Hoyt son finisher. Una parálisis cerebral no tiene que impedirte participar en 1000 carreras de maratón y triatlón. Cuando Rick nació en 1962 le dijeron a sus padres que lo entregaran en un centro médico y que ahí se iban a ocupar de él. Los Hoyt se negaron a seguir el consejo médico y se lo llevaron a casa. Durante mucho tiempo las autoridades le negaron el acceso a una escuela pública. Estaban convencidos que su hijo no tenía un daño celebrar que le impidiese aprender como a cualquier otro niño. En la universidad de Tuft desarrollaron un dispositivo que con el movimiento de la cabeza de Rick, un cursor sobre una pantalla con letras y un botón en su silla le permitió comunicarse finalmente con su entorno de manera más activa.
Christopher Paul Gardner es un finisher. Muchos de nosotros conocemos la película “En busca de la felicidad” (“Pursuit of Happiness”) con Wil Smith. La historia está basada en su autobiografía que publico en el 2006. En 1981 Gardner invirtió todo su dinero en un dispositivo medico con el que arruino su familia. Su mujer lo dejo y se encontró viviendo en la calle junto con su hijo Christopher cuando le embargaron la cuenta porque no podia pagar los impuestos. Tuvo que luchar contra 19 competidores para conseguir unas prácticas como corredor de bolsa. Visto que en el lugar para gente sin techo había que llegar temprano para conseguir una cama, tenía menos tiempo para realizar sus llamadas para captar nuevos clientes para la empresa donde quería entrar. A través de todas las dificultades consiguió la beca. Gardner hoy tiene su propia empresa, es inversor, autor y ponente.
Kilian Jornet es un finisher. Cuando lees su libro “Correr o morir” te das cuenta que para la mente humana no existen límites si no te lo permites. Correr durante 37 horas para realizar 250 kilómetros alrededor del lago Tahoe se consigue únicamente con años de preparación y mucho talento. Pero también el “Messi de los corredores de ultrafondo” alcanza sus límites físicos después de 10 horas corriendo. Estando a la mitad del recorrido y tener que correr 20 kilómetros demás porque te has equivocado de camino y no desmotivarte es excepcional. Cuando le preguntan cómo consigue correr tantos kilómetros suele responder: “El cuerpo a veces no puede más, pero la mente llega mucho más allá.”
Si ves lo que han conseguido estas personas te das cuenta que tu propia situación o tu propio reto es pequeño. Existen muchas historias de finishers cotidianos que no figuran en este post. Estas y otras historias demuestran que cuando te propones algo que realmente quieres lograr, lo consigues. La fuerza mental que tienen Dick, Rick, Judy, Chris y Kilian es impresionante. Ellos son finisher.
Cuando sea grande, yo quiero ser finisher.
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"En la casa del colombiano encontraron dos pistolas, una escopeta recortada, un hacha de carnicero, una sierra, algo de cocaína, tres teléfonos móviles casi prehistóricos y 19.000 euros en siete fajos de billetes arrugados, escondidos tras un cajetín de la luz. Pero lo que más inquietó a Velasco, lo único que le alteró el pulso, fue una habitación sin ventanas, con todas las paredes, el techo y el suelo forrados de plástico, como el que se usa para proteger los muebles cuando se va a pintar. No había ninguna brocha en la casa. La habitación estaba limpia y completamente vacía, salvo por un cubo.El cubo estaba lleno de ácido sulfúrico".31 noches es un mes de agosto que empieza y acaba en ese cubo, que está esperando un cadáver para disolver. Es una historia corrosiva, sumergida en las tripas de una discoteca, la sala Premium, donde un periodista se ve arrastrado en una trama de narcos, matones de discoteca y deudas pendientes en la noche de Madrid."Soy de los que dicen que no soportan la violencia, de los que se creen incapaces de hacer daño a una mosca. Aquel verano descubrí que no es verdad".
El joven periodista Ignacio Escolar debuta con esta turbadora novela en el mundo de la narrativa con el acierto, pulso y claridad de ideas a los que nos tiene acostumbrados en sus trabajos como columnista y analista político. Impecable en su ritmo y desarrollo, demoledora en su retrato de la realidad que nos rodea, el género negro cuenta con una nueva obra de referencia.

Sandra ha decidido retirarse a un pueblo de la costa levantina: ha dejado el trabajo y, embarazada, pasa los días intentando aplazar la decisión de qué hacer con su vida. En la playa conocea un matrimonio de octogenarios noruegos que parece la solución a sus problemas. Julián, un anciano que acaba de llegar de Argentina, superviviente del campo de exterminio de Mauthausen, sigue las idas y venidas de los noruegos. Un día Julián aborda a Sandra y le revela detalles de un pasado que no tiene nada que ver con ella. Aunque el relato de Julián le parece descabellado, empezará a mirar de una forma nueva a los amigos, las palabras y los silencios de la pareja de ancianos, sin darse cuenta de que el fin de su inocencia está poniendo su vida en peligro.

A los cien años, aún queda mucho por vivir...
El abuelo que saltó por la ventana y se largó representa uno de los éxitos literarios más insólitos que se recuerdan en Suecia. La novela, la primera de un autor desconocido y una rara avis dentro de la nueva hornada de narrativa nórdica, se convirtió en un fenómeno de ventas gracias a las recomendaciones de los lectores. Desde entonces, se han vendido más de un millón de ejemplares, fue Libro del Año y Premio de los Libreros en Suecia en 2010.
Momentos antes de que empiece la pomposa celebración de su centésimo cumpleaños, Alian Karlsson decide que nada de eso va con él. Vestido con su mejor traje y unas pantuflas, se encarama a una ventana y se fuga de la residencia de ancianos en la que vive, dejando plantados al alcalde y a la prensa local. Sin saber adonde ir, se encamina a la estación de autobuses. Allí, mientras espera la llegada del primer autobús, un joven le pide que vigile su maleta, con la mala fortuna de que el autobús llega antes de que el joven regrese y Alian se sube sin pensarlo dos veces, con la maleta ajena a rastras. Aún no sabe que el joven es un criminal sin escrúpulos y que la misteriosa maleta contiene cincuenta millones de coronas. Pero Alian Karlsson no es un abuelo centenario cualquiera... y en poco tiempo, tras una alocada aventura, pone todo el país patas arriba. Jonasson urde una historia extremadamente audaz y compleja, capaz de sorprender constantemente al lector, pero el verdadero regalo es su personaje protagonista, Alian Karlsson, un hombre de un maravilloso sentido común, con todo un siglo a sus espaldas, que no teme a la muerte, ¡ni al crimen! Un anciano centenano que no está dispuesto a renunciar al placer de estar vivo.

Diego y Patricia, una pareja de tra?cantes internacionales de obras de arte, son contratados por un millonario francés para realizar un trabajo «especial»: robar el Códice Calixtino, un manuscrito del siglo XII custodiado en la catedral de Santiago de Compostela. El Códice es mucho más que una guía para el peregrino. En sus páginas, oculto mediante una técnica medieval, se esconde un evangelio desconocido, donde se revelan datos inquietantes sobre la historia encubierta de la familia de Jesucristo, sus asombrosas relaciones de parentesco, los con?ictivos orígenes del cristianismo, el sepulcro del apóstol Santiago y el culto a sus presuntas reliquias, que propició el desarrollo del Camino. Una trama apasionante cuajada de sorpresas, intrigas y conspiraciones en torno al descubrimiento de la genealogía de Jesús.